lunes, 30 de agosto de 2010

Estrellas Muertas

El gato pintado
"La década del ochenta ya había terminado, pero ese departamento era su mausoleo. Pero no era sólo eso. El campus completo era así. Aún recuerdo su arquitectura. El edificio hecho de cemento. La amplitud de los pasillos. La frialdad de las salas. (...) A veces recuerdo llegar a ese lugar, sueño con él, con esas personas inmóviles en los pasillos. Esos rostros tienen la placidez de las estatuas, la monumentalidad de un rictus de piedra, la felicidad turbia de no irse a ninguna parte."

Estrellas Muertas, Álvaro Bisama



Allá por el año 2002, cuando egresé de periodismo y nos cambiamos de casa a la Calle Dinamarca 253, a un costado del Cementerio de Disidentes, con mi amigo Edwin compartíamos la afición creciente por la literatura de Ernesto Sábado. Particularmente sus novelas "Sobre Héroes y Tumbas" y "Abadón El Exterminador".

También recuerdo que de esas novelas habían dos cosas que yo relacionaba con Valparaíso. La primera era la imagen del ángel que aparecía en la portada de uno de los libros, el que perfectamente se podía distinguir tras el muro de nuestro cementerio vecino.

La segunda, es que siempre imaginé que las primeras líneas de uno de esos libros, donde el protagonista se ubica en un plaza de Buenos Aires, bien podría ser el Parque Italia, la Plaza O'Higgins o la Plaza Victoria de Valparaíso.

O al revés, que de escribir una novela, me encantaría iniciarla con las reflexiones de un joven sentado en la plaza, mirando las palomas y concentrado en sus divagaciones. Siempre he creído, más allá de los clichés, que Valparaíso es un excelente escenario para rescatar historias urbanas, ya sea policiales, melancólicas o de otro tipo.

Creo que Álvaro Bizama, con su novela "Estrellas Muertas", logra describir algunas de esas historias de jóvenes que transitan por las calles del puerto, desde las sombras de esta ciudad repleta de perros, basura y patrimonio. Y lo hace desde el diálogo de una pareja en un café imaginario, que podría ser cualquier café del puerto.

El diálogo del que surge la historia, se genera a partir de una noticia publicada por el diario "La Estrella". Quienes conversan, y en definitiva relatan el argumento, son un apareja a punto de terminar una relación, en medio de un café decorado con la fotos del hundimiento de un buque en la bahía de Valparaíso.

Los protagonistas de los que hablan, son una pareja que milita en el Partido Comunista, quienes en su momento formaron parte de las movilizaciones universitarias de los 90... hasta que el tiempo, las necesidades y las circunstancias los hicieron caer desde esas utopías extintas a la realidad precaria de una existencia donde la plata escasea, aumentan las peleas, los celos y la violencia.

"Estrellas Muertas" es la historia de dos jóvenes que tomaron prestadas banderas de lucha que ya habían sido desechadas por la sociedad chilena y renegadas por la clase política de turno. Además, estas banderas las tomaron en la lejana provincia, donde en la década de los 90 no paso prácticamente nada, y donde las historias del pasado bien podían crear identidad presente, pero una identidad marcada por el fracaso y la derrota, hasta hacer perder el último sueño, partiendo por la presidencia de curso, siguiendo por la carrera y culminando con la vida.

El libro de Bisama se lee con rapidez. Dan ganas de saber qué diablos es lo que dice el diario. El hecho de que el relato fluya a través de una conversación vuelve aún más rápida la lectura. En lo personal, haber estudiado durante fines de los 90 en la misma ciudad, recorriendo los mismos espacios y conociendo historias parecidas (incluso viendo de cerca al propio autor de libro), no me permitió soltar el texto hasta llegar al fin de la historia.

Entonces, con un poco de rubor en el rostro, continúo recordando ya no sólo las lecturas de Sábato, sino los afiches de Allende, la postal de Chaplin y los dibujos de Mafalda. O, dicho de otro modo, el propio mausoleo que algunos construimos, en la búsqueda de un sentido que no nos podían dar los noventas y que hoy guardamos con cariño en algún rincón de la bodega, junto a los cassets de Quilapayún, Inti Illimani y Los Jaivas.

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