Fue el segundo semestre de 1998 cuando llegué a vivir a la casa de Alejandro en la Avenida Almirante Montt, luego de pasar por diversas pensiones de Viña y Valparaíso.
La primera vez que fuimos a La Concepción fue un 25 de junio de 2008. Luego del trabajo con la negrita fuimos al gimnasio y tras hacer una clase de combat, como que no quiere la cosa, le dije si le tincaba ir a comer algo rico por ahí.
"La década del ochenta ya había terminado, pero ese departamento era su mausoleo. Pero no era sólo eso. El campus completo era así. Aún recuerdo su arquitectura. El edificio hecho de cemento. La amplitud de los pasillos. La frialdad de las salas. (...) A veces recuerdo llegar a ese lugar, sueño con él, con esas personas inmóviles en los pasillos. Esos rostros tienen la placidez de las estatuas, la monumentalidad de un rictus de piedra, la felicidad turbia de no irse a ninguna parte."