Cerca de Monstariaki llegamos a Plaka, donde predominan las tiendas de ropa y antigüedades. Nos detuvimos en un restaurant para pedir un kebab. Servido al plato, con la masa abierta, carne en rollos, papas fritas, tomate, salsa ácida y cebolla, fue un descubrimiento que varió mucho a lo que acostumbramos en Chile. Eso, más una cerveza Mythos fue la introducción ideal a la gastronomía griega.
Al día siguiente partimos rumbo al sector más tradicional de la Atenas histórica, el que se divide básicamente en dos partes: la Acrópolis y el Ágora.
De manera intuitiva iniciamos nuestro recorrido por el Agora. Lo primero que encontramos fue varias estatuas y las bases de lo que podría ser un gimnasio de la época (lo que queda mayoritariamente a la imaginación y a la buena fe puesta en los encargados de disponer la señalética del lugar). Luego ascendimos por un sendero hasta una estructura que se veía desde la ciudad y que consistía en un templo para Hefesto.
A eso de las nueve de la mañana éramos casi las única personas en ese lugar y el espectáculo era muy conmovedor. El día estaba despejado, el sol iluminaba el templo y sólo el canto de los pájaros rompía el silencio.
Era inevitable sentirse conectado con esta gente que hace siglos trató de responder las mismas preguntas que nos siguen moviendo al día de hoy.
Galería de fotos de Atenas
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